domingo, 21 de octubre de 2012

Love is in the air

Publicado por Lili en 6:38 6 comentarios

¡Hola Aventureros! 

¡Madre mía! ¡Han pasado muchas cosas desde la última vez que escribí! Ya no estoy trabajando, ahora soy pelirroja y estoy estudiando para el first. A lo primero no sintáis pena, era un trabajo pasajero y aunque ahora los trabajos escasean voy a encontrar algo que me guste mucho más, así que, ¡deseadme suerte! 

Eso sí, aunque ya no esté trabajando tengo un montón de historias en el tintero y siempre recordaré con cariño muchas de ellas, pues me hacían sonreír y confiar en que todavía hay mucha gente buena y simpática por el mundo.

Estas aventuras, pluralizo porque son varias, tienen todas un denominador común: las parejas. Si, las parejas. Creo que a todo el mundo nos ha pasado alguna vez, sobretodo dicho por las personas mayores, lo de: "Tú harías buena pareja con mi nieto, lástima que este casado" O revés en el caso dicho a los chicos, no me os enfadéis. 

Pues bien, estás son mis tres aventuras de hoy. ¡Disfrutadlas!

El soborno

Cuando la gente no conseguía la hora que quería podían reaccionar de dos maneras diferentes: o se enfadaban o te sobornaban. Aunque lo primero ocurría más a menudo, más en día de festivos, lo segundo podía ocurrir de cualquier forma inesperada. Lo que me ocurrió a mí con este señor. Era un día en el que uno de los destinos que realizábamos, diremos que es "Hogwarts", estaba bastante completo y la gente conseguía hora para siguiente horas. El señor vino a la taquilla, y muy alegremente me pidió para "Hogwarts" pero tuve que darle la mala noticia de que se tenía que ir dos horas más tarde. El señor, muy simpático, intentaba que le diera plaza antes, pero yo no podía hacer nada más. Entonces como un pequeño soborno me dijo: "No te presento a mi nieto sino me das plaza antes". Yo me reí y le contesté: "Si la próxima vez que venga le consigo plaza para cuando usted quiera, ¿Me lo presenta?" El hombre sonrió y contestando un "Ya veremos" se alejó para sentarse en la sala de espera. Puede que tuviera un final agridulce pero, ¿quién no ha sobornado nunca con un familiar? 

El padre casamentero

Reconozco que cuando estaba afuera con las máquinas me ocurrían las historias más graciosas. Puede que fuera porque mucha gente venía solo a preguntar y ya de paso se quedaban a hablar un rato; y yo, que a veces me aburría como una ostra, lo agradecía infinito. Pues bien, un día vinieron un señor y su hijo, los dos de Brasil. Estaba informándoles de los viajes, ya sabéis: las horas, el precio, etc. Cuando el señor me dice de repente: "¡Oye! Tienes unos ojos muy bonitos, cásate con mi hijo" Ante esto el hijo, que tendría como unos 16 años, se ruborizó y se escondió detrás de su padre. Yo me empecé a reír, no del pobre chico claro esta, sino de la situación. ¿A qué nunca os han propuesto matrimonio de esta manera? "Claro, cásate con él" -el hombre seguía con su insistencia- "Y así tendré nietos españoles. Nietos españoles y brasileiros. ¿Qué te parece?" Yo sólo me reía y dándole las gracias, prometí que me lo pensaría. El hombre se fue haciendo sus planes y el hijo le seguía con la cabeza baja y abochornado. ¿En cuántas situaciones similares le habría metido al pobre? 

¿Dónde está tu anillo de casada? 

Os voy a poner un poco en situación, cuando estaba fuera en las máquinas, yo estaba situada al lado de la única puerta para entrar en la taquilla. Ahí no solo entraban los taquilleros, sino también los conductores a los que saludaba siempre y era conocida entre ellos como "La chica de las máquinas". Pues un día por la tarde, en la que no había mucha gente, llegó un hombre mayor preguntándome por un destino que nosotros no vendíamos, sino la otra empresa que había en la estación y que a esa hora ya estaba cerrada. Yo le dije que había un horario en el cristal y que podía mirarlo para informarse. Pero el hombre estaba un poco perdido y como no había nadie al que atender me dispuse a ayudar a la "competencia". Me acerqué con él, vimos el horario y le apunté en su móvil el teléfono para que llamara por la mañana, el hombre era super simpático. "No tienes anillo, ¿no estás casada?" me preguntó sin previo aviso. Riéndome le dije que no y el me preguntó de nuevo: "¿Y eso por qué?" Yo me encogí de hombros: "Pregúntele a ellos" "¡Ah pues no!- el hombre negaba con la cabeza- "Ahora mismo te vamos a buscar a uno" Yo me reía, ¡qué hombre más majo! En eso, de que mientras el hombre miraba por la estación, apareció un conductor que me saludó y yo le saludé de vuelta. El hombre se fijo entonces en él y me dijo a modo de padre: "Este no me gusta para ti" Era un señor muy entrañable. ¿Todavía seguirá en la búsqueda de mi marido?

Dos meses sin escribir han pasado factura y he escrito más que nunca pero, ¿os han gustado las aventuras? Estás las recuerdo especialmente con cariño porque el amor está por todas partes y la gente quiere que lo encuentres aunque te lo tengan que buscar ellos mismos ;) 

Y esta semana quiero que me contéis alguna historia parecida a las que me han pasado a mí en estas aventuras, os podéis alargar tanto como queráis (o tanto como os deje el cajón de los comentarios je je)

Esta historia va a ser de las últimas que escriba en al menos dos semanas, porque el miércoles me voy a Londres y de ahí me voy a Barcelona. ¡Mis vacaciones de verano por fin han llegado! Pero leeré todos los comentarios y aventuras que me contéis. 

Próxima aventura: gente agradecida y sus efectos. 

Besos a montones.

martes, 28 de agosto de 2012

Equivocaciones y sus consecuencias

Publicado por Lili en 5:18 4 comentarios

¡Hola Aventureros! 

¿Cómo andamos? Esta vez vengo antes que la última, aunque si es verdad que vengo con una aventura un tanto más pequeña pero, ¡Una aventura siempre es una aventura! ;) 

Como dije al final en la última historia, esta vez voy a hablar de horarios equivocados. Y trabajando en una empresa de transporte lo más lógico sería hablar de horarios equivocados de clientes (que creerme, hay demasiados horarios equivocados) pero no, esto me paso a mí y sólo a mí. 

El horario nos lo dan cada semana, por lo que hasta el jueves o viernes no sabes que horario tienes. Pues bien, leí el horario y descubrí que tenía turno de mañana y que entraba a las diez de lunes a viernes. No era mal horario, aunque salía un poco tarde. Trabajé de lunes a jueves, y entonces llego el viernes, que era mi último día y como sabréis todos (ya sea por las clases o el trabajo) el último día antes del descanso es en el que más cansado estás y sólo quieres dormir y pensar en las cosas que podrás hacer cuando tengas esos días libres. Me levanté a la misma hora de siempre e hice las mismas cosas de siempre, ¡E incluso salí antes! Por lo que llegué al trabajo como unos quince minutos antes. Entré en la taquilla y saludé a todo el mundo que estaba trabajando. Y estaba dejando las cosas en mi armario, cuando me dice mi compañera: "¿Tú no entrabas más tarde?" Y yo, pensando que se refería a que había llegado antes (porque siempre voy justita de tiempo) le digo: "He llegado sólo quince minutos antes, tampoco es muy temprano" Y ella: "Pues yo creía haber visto que entrabas más tarde" y se encogió de hombros atendiendo al siguiente cliente. Me quedé con la duda y fui a mirar el horario sólo para demostrar que yo tenía razón. Pero cual fue mi sorpresa que al seguir mi dedo en la línea en la que ponía Lidia y pararme en el viernes, ¡Descubrí que había un once en lugar de un diez! ¡Había entrado a trabajar una hora antes! Me empecé a reír y mi compañera me decía: "¿Ves? Te lo dije" mientras que mis compañeros se reían de mi pequeña desgracia. 

Pero dos cosas buenas pasaron ese día, estuve una hora desayunando en una cafetería cercana disfrutando del libro que me estaba leyendo; y esta fue la pequeña aventura con la que dije: "Tengo que escribir ya el blog" :)

Así que ya sabéis, mis consejos de esta semana: "Mirad bien los horarios, aunque nunca se sabe, puede desencadenar algo bonito el equivocarte de hora ;)" 

Próxima aventura: Matrimonios y otras proposiciones. 

Besos a montones

martes, 14 de agosto de 2012

Lo bonito de que te entiendan en otros idiomas

Publicado por Lili en 12:00 8 comentarios
¡Hola aventureros! 

Sí, aquí estoy de nuevo. ¿Pensabais que había abandonado? ¡Ja! Nunca os librareis tan fácilmente de mí ;). He tardado un poco más en escribir porque he tenido unas semanas un tanto ocupadillas; pero hoy, que es mi día libre, no podía desaprovechar y no escribir. 

Por lo que veo, los calzoncillos no os gustan ya que no comentasteis ninguno la historia, ¡pero si eran de dibujitos! Jejeje. Bueno sé que lo leísteis porque me sale las personas que lo han visto, y eso me alegra :). Pero desde aquí os animo a comentar aunque sea sólo un: "¡Qué chulo!" "No me gusta" o "XD" ¡Todo vale! ;)

Cualquiera que me conozca un poquito sabe que tengo pasión por la gente extranjera (y más si son ingleses) y que cualquier idioma me gusta aprenderlo y saber decir cosillas. Pues bien, estas son diferentes historias que me pasaron al hablar en diferentes idiomas. 

Una de mis compañeras es de Ucrania, y un día le dije que yo sólo sabía decir en ruso (que es uno de los idiomas que hablan allí) "Gracias" y ella me contestó con "Payaosta" (sé que seguro no se escribe así =P) Entonces le pedí que me enseñara ruso que me hacía mucha ilusión, y como a la semana siguiente íbamos a estar juntas en el horario de mañana me enseñaría ahí, pues es cuando menos gente ahí ¡Aunque la gente es muy madrugadora! Empezamos con lo fácil y me enseñó a decir: "Buenos días"- "Dobroye utro" y "Tengo sueño"- "Ya hochu spat" y cada vez que nos hacíamos un favor decíamos "Spasibo" y "Payaosta" ¡Era muy divertido! Los demás compañeros en la taquilla no sabían porque hablamos tan "raro". Pues bien, después de varios días y poco más que 2 frases más aprendidas vinieron unas chicas rusas a comprar un billete. En cuanto me dieron los pasaportes y vi que eran rusas me giré emocionada a mi compañera: "¡Son rusas!" Mi compañera se rió y me dijo que las dijera algo en ruso. Después de atenderlas y venderlas el billete, les comenté que estaba aprendiendo ruso y que sabía decir algunas palabras. Ellas asintieron encantadas y un tanto sorprendidas de que quisiera aprender ruso. Me aclaré la garganta y las dije: "Privet, ya hochu est" (Hola, tengo hambre) Ellas se rieron y una de ellas me contestó: "Ya takzhe" (Yo también) ¡La entendí porque era una de las palabras que me había enseñado mi compañera! Me encantó porque ellas me habían entendido a mí y yo les había entendido a ellas. Se alejaron riéndose y yo grité dentro de la taquilla :"¡Sé ruso!" Y ahora cada vez que viene alguien ruso a la taquilla al menos le digo: "Spasibo" ;) 

Nunca me había interesado en aprender japonés, pero cuando empecé a ver series manga en versión original ciertas palabras se te quedan. Pues bien, una de ellas era: "Arigatou gozaimasu" - "Muchas gracias". Pues un día, cuando estaba en las máquinas, vinieron tres chicos japoneses que estaban un poco perdidos. Estuve hablando con ellos, ayudandoles. Entonces cuando se fueron me dijeron en un español ajapanosado: "Gracias" y yo como no sabía decir "De nada" en japonés les dije: "Arigatou gozaimasu" y ellos sonriendo a la par dijeron el "Oh" tan típico de los orientales y emocionados se fueron haciéndome la reverencia sin dejar de repetir lo que les había dicho, yo también les hice la reverencia sonriendo ¡Los japoneses son geniales! ;) Y hace poquillo, estando en la taquilla, vinieron tres chicos japoneses, después de atenderles y venderles el billete, les dije lo mismo que a las rusas, que sabía una cosa en japones. Ellos asintieron y me miraron expectantes por lo que les iba a decir. "Konnichiwa, watashi wa Lidia" ellos sonrieron y me dijeron: "Has dicho: "Hola me llamo Lidia" Yo asentí emocionada, ¡me habían entendido! 

Mi amiga Patri, me metió en el mundo de los doramas, que es el nombre que tienen las series orientales; aunque realmente sólo he visto una ;). Pues bien, esta serie era una coreana y el actor principal es un cantante que se llama Bi Rain, conocido por mi cuñada como "el que se quita la camisa en un vídeo romántico , que me gusta mucho y baila muy, muy bien. Pues bien, todo esto viene a que claro, como me pasó con el japones tanto escucharlo al final sabes como decir algunas cosas y como no, lo puse en practica en la taquilla con otro cliente. Después de venderle el billete, y comprobar por el pasaporte que era coreano, me atreví a decirle una palabra, pero esta me daba más vergüenza que las anteriores. Le dije como a todos, que sabía una palabra en su idioma y que si quería que se la dijera. Asintió y con las mejillas un tanto coloreadas le dije: "Saragne" él se empezó a reír y me preguntó: "¿De dónde has aprendido esa palabra?" "De Bi Rain, el cantante, ¿le conoces?" El se rió más fuerte y asintió. Se despidió y yo sonreí avergonzada. ¡Si es que les digo unas cosas a los clientes! Ahora mismo os estaréis preguntando que es lo que le dije, ¿verdad? Pues bien, no fue ni más ni menos que: "Te quiero" ¡De ahí me vergüenza! Jajaja. Y el chico era mono ;) 

Os quejareis, ¿eh? Cuatro historias por el precio de una, eso sí, si habéis llegado vivos al final y no os habéis quedado dormidos por el camino :P. 

Y este es mi consejo de hoy, aprender todos los idiomas posibles, aunque sean palabras tontas, porque luego es muy divertido decir palabras en ese idioma y ¡que te entiendan más aún! :)

Próxima aventura: horarios equivocados. 

Besos a montones.



martes, 24 de julio de 2012

La gravedad y su efecto

Publicado por Lili en 14:31 0 comentarios
¡Hola aventureros!

¿Cómo andamos esta semana? Yo la verdad, un poco cansada, porque estoy de mañana y madrugo lo que no está escrito (con decir que el otro día cuando llegué al metro no estaba puesto ni los minutos de espera jeje). Pero con buenas siestas en el tren se aguanta todo ;)

Como veis, hay nuevo diseño de blog. El otro día después de un buen rato y un poco de quebradero de cabeza, pude instalar el nuevo diseño, ¿os gusta? :). Es uno de los diseños que más me gustaban porque era muy yo ;)

Y sin más dilación os voy a presentar la nueva aventura de hoy, esta va a ser diferente a la anterior, pero en mi opinión más divertida. Os voy a poner en situación. 

Esta vez me ocurrió el año pasado cuando trabajaba en las máquinas de afuera. Empecé en la temporada de Semana Santa, una época en la que todo el mundo viaja, todo está lleno y todo el mundo está estresado. Pues bien, ese día había más gente en la taquilla que en Madrid, os lo puedo asegurar. La gente esperaba como una hora para comprar billetes, vamos ¡un caos! Sería como las tres de la tarde, y por esa hora es cuando más se llena la estación porque es cuando más viajes hay, y como no también, cuando más problemillas hay. 

Pues estaba fuera atendiendo como podía a los clientes, había tantos que incluso ¡Tenía qué atender dos máquinas a las vez! En eso de que veo venir a un chico corriendo con la maleta hacia mí, muy nervioso y gritando: "¡Por favor, por favor!" Le pregunté que le ocurría y le pasaba lo que pasa cuando hay mucha gente, él tenía un billete comprado por Internet y con un localizador que se da en el momento de la compra y el DNI, puedes subir directamente; pero supuestamente, no estaba en la lista de pasajeros. Entonces le mandaron a taquilla para solucionar el problema, dos minutos antes de que saliera. Por lo que el chico, normal, estaba nervioso. Como desde las máquinas no tenía como ver si estaba en la lista me metí dentro, pero el chico aguantó la puerta y desde fuera podía oír: "Por favor, ¡qué lo pierdo!" Efectivamente buscando la lista, le encontré. Salí corriendo y le entregué el billete, pero eran ya las tres en punto y sino se iba, perdería el autobús. El chico salió corriendo con las dos maletas, una grande y otra pequeña, pero eso le retrasaría, así que no me lo pensé dos veces y salí corriendo detrás de él, yo iría más rápido. Pues bien, este chico llevaba unos pantalones de tan de moda ahora, en los que se te ve medio calzoncillo, por lo que podréis suponer muy cómodos no son si tienes que ir corriendo. Así que cuando no llevaba más de dos metros recorridos, la gravedad hizo su efecto, y los pantalones cayeron al suelo en medio de toda la gente que esperaba para comprar su billete. ¡El chico se quedó en calzoncillos! Yo me tuve que aguantar la risa, pero era muy gracioso ver a un chico en mitad de la estación con dos maletas y los pantalones bajados. Se subió corriendo el pantalón y se apretó el cinturón, aún le quedaba mucho trayecto y no creo que quisiera que todo el mundo viera sus calzoncillos de nuevo, que sino recuerdo mal, eran de muñequitos. 

Al final pudo coger el autobús y mientras guardaba las maletas me repetía: "Gracias, gracias"diciéndole: "De nada" me dirigí de vuelta a la taquilla riéndome. ¡Nunca pensé que le vería los calzoncillos a alguien en el trabajo!

Esta es una de mis aventuras favoritas, pero no porque le viera los calzoncillos al chico, sino porque son cosas que nunca pude imaginar que ocurriría en una taquilla. ¿Vosotros lo hubieras llegado a creer? Eso sí, desde aquí mi consejo: "Ataos fuerte el pantalón y llevar siempre ropa interior bonita, ¡nunca se sabe!" ;)

Próxima aventura: palabras en otros idiomas :)

Besos a montones




martes, 17 de julio de 2012

Cuando todo se oye

Publicado por Lili en 14:02 7 comentarios
¡Hola aventureros!

Si lo sé, tengo que buscar otro nombre, pero de momento ese me pareció bien ya que leeréis mis aventuras y eso os convierte en mis aventureros. No os he convencido, ¿Verdad? =P

¡Por fin vais a poder leer mi primera historia! ¡Qué emoción! Confieso que estoy un poco nerviosa porque quiero que quede todo bien y que no os aburráis, así que vosotros comentad todo lo que veáis porque esa es la manera en la que puedo aprender a hacerlo mejor :) 

Esta primera historia me gusta en especial porque fue la primera aventura que me pasó cuando empecé a trabajar dentro de las taquillas vendiendo (antes trabajaba con las máquinas autoventa, fuera de la taquilla) y sentí que me iban a volver a ocurrir cosas divertidas. 

Comenzaré contando como es la taquilla. Es una cristalera alargada en la que hay 6 puestos para vender con un cristal metido un poco más adentro para que se pueda escuchar a la gente (aunque confieso que tiene una acústica un tanto deficiente). El turno es con número y aunque parece algo de lo más sencillo, la gente suele liarse bastante. Pues bien, yo me encontraba en uno de estos puestos atendiendo a la gente con nerviosismo ya que era mi primer día repitiéndolo todo muchas veces pues no quería equivocarme. Pulsé el botón para llamar al siguiente cliente y se acercó un chico muy guapo. Me puse más nerviosa si cabe, si lo sé solo era un chico ¡Pero le teníais que haber visto!, y creo que me equivoqué en darle la hora que quería. Terminé de atenderle y con un "Hasta luego, gracias" el chico se apartó de la ventana. En ese momento me giré hacía mi compañera y le comenté: "Cuando son tan guapos me pongo nerviosa y no sé que decir" Mi compañera se rió y yo girándome con una sonrisa me dispuse a atender a la siguiente persona. Pero lo que no me esperaba era encontrarme al chico que había atendido antes, a un lado de la ventanilla sonriéndome como queriendo decir: "Acabo de escuchar todo lo que me has dicho" ¡Qué vergüenza! ¡Me había escuchado! Me puse colorada como un tomate y en esta venta si que me equivoqué más de una vez. El chico se quedo un rato en la taquilla mirándome con "burla" y yo no sabía por donde meterme. Antes de terminar la venta, se alejó sin dejar de sonreír, al menos le había subido la autoestima. Me giré de nuevo hacia mi compañera y la dije: "¡Me ha escuchado el chico! ¡Qué vergüenza!" Y ella: "¡Claro, aquí se escucha todo!" 

Así que el primer día aprendí una lección importante, bueno más bien dos; primera: "En la taquilla se escucha todo" y segunda: "Si quiero decir que alguien es guapo me espero hasta verle alejado del cristal" ;)

Ya sabéis, cualquier comentario solo tenéis que pulsar un botón y además pondrías una sonrisa en mi cara :) ¿No os apetece?

Próxima aventura: carreras improvisadas y bajadas de pantalones ;)

Besos a montones

domingo, 15 de julio de 2012

Mis aventuras de todos los días

Publicado por Lili en 12:20 0 comentarios
¡Hola a todos!

Bueno, si es que todavía seguís por aquí, porque desde la última vez que actualicé... :P. Os pido perdón y ¿Qué mejor manera que actualizando de nuevo? 

Hace poco vi la película "Julie & Julia" (que sino la habéis visto, os la recomiendo) y en ella una de las protagonistas se propuso hacer todos los días una receta y comentarla en un blog personal. Me pareció una idea muy buena y decidí utilizarla también.

Pero no penséis que me voy a poner a hacer recetas y contaros la experiencia, porque solo leeríais lo mal que cocino y que nadie se querría comer mi comida, ¡soy pésima cocinando! Jejeje.

No, mi idea es más bien bastante diferente y creo, que más divertida de leer. Hace dos años, empecé un trabajo de verano en una empresa de transporte de viajeros (no diré nunca el nombre para que nadie pueda encontrarme jeje) Y como adivinareis, trabajar de cara al publico tiene sus cosas malas, pero también tiene muchas cosas buenísimas y graciosas que !Hasta me han hecho llorar de la risa! 

Y eso es lo que he decidido que voy a escribir en el blog, que como el título de esta entrada, serán mis aventuras diarias. Pero no os preocupéis, no voy a escribir nada malo, porque realmente las cosas que prefiero guardar en mi memoria y que vosotros conozcáis son las divertidas, aquellas en las que pensareis: "¡Qué loca esta la gente!" o incluso: "¡A mí me ha pasado esto!" Porque ¿quién sabe? A lo mejor estas leyendo una de mis historias y resultas ser tú el protagonista ;) 

Y aunque he decidido que esto será lo que adorne mi blog por ahora, tengo algunas historias en mente que aún no he publicado y que quiero que también conozcáis. Como aquella vez que fui a la luna o la vez que volé en alfombra mágica ;)

Y por favor, sentiros libres de expandir mi blog, ¡cuanta más gente más diversión!

Intentaré actualizar todas las semanas, siempre que los horarios del trabajo me dejen :) 

Besos y buena semana. 

Lili


martes, 9 de noviembre de 2010

Guerra de comida

Publicado por Lili en 16:18 0 comentarios
¿Por qué me gusta tanto escribir?

Antés que nada, quería pedir perdón por la tardanza en escribir. He estado muy ocupada estos meses y siempre se me olvidaba.

Hace poco, Diana me regañó por no actualizar desde hacía mucho y la prometí que lo haría de nuevo pronto =). Aunque si es verdad que la prometí con otra actualización jeje. Pero esa será una de las siguientes.

Os dejo con una historia que escribí hace ya unos meses en un ataque de inspiración nocturna. He cambiado el nombre del personaje ;)

Espero que os guste.

Y contestando a mi pregunta, pueda que me guste escribir porque me hace liberar de alguna manera la imaginación que tengo en mi cabeza. Eso si, me queda muchísimo por mejorar.

¡Pss guardadme el secreto! ;P

Dedicado a Diana. Gracias guapa ^^

Le miré sentado en su silla. Parecía un niño pequeño que esperara con ansiedad el primer regalo de la Navidad. Llevaba la chaqueta que tanto me gustaba y su característica camisa con el cuello a picos. El pelo lo llevaba despeinado haciendo que algunos mechones se le escaparan que él, con ágil movimiento, se los volvía a colocar. Me fijé en un detalle que sobresalía de su cuello, ¡era el colgante que le había regalado! "¡Me recuerda al color del césped! ¡Y el césped me encanta!" me dijo el día que se lo regalé mientras se lo ponía alrededor del cuello. Me sonrojé sin darme cuenta. Que él llevara mi colgante, el colgante que yo lo había regalado, era el mejor regalo que me podía hacer nadie. Él, dándose cuenta que alguien le miraba fijamente, movió su cabeza en busca de esa persona, coincidiendo su mirada con la mía. Al darse cuenta que era yo, sonrió de una manera que me hizo sonrojarme más sí podía. ¿Cómo alguien podía sonreír de una manera tan adorable?
De repente alguien hizo sonar una campana que se encontraba en el salón anunciando que el primer plato llegaba. Él se movió nervioso en su asiento, aplaudiendo de una manera que sólo yo pude apreciar pues me conocía todos sus movimientos. Los camareros entraron y como si de una coreografía se tratara dejaron los platos a la vez en frente de cada uno. Miré lo que había en el plato, trucha envuelta en una especie de hoja verde. Jack odiaba el pescado. Miré de nuevo hacía él, su sonrisa se había esfumado y en su lugar había aparecido una mueca de asco que hacía que su cara pareciera un poco rara. Me miró y negó con la cabeza haciéndome entender que él no se lo iba a comer.
-¡Cometelo!- le ordené moviendo solo los labios. Él movió de nuevo negativamente su cabeza, haciendo que los rizos se le movieran de un lado para otro. - Jack...
-No- me dijo cruzándose de brazos. En ocasiones podía ser muy terco.
-Tienes que comerlo, no puedes hacer eso...
-Si tanto te gusta, cometelo tú- Y con un movimiento ágil me tiró un trozo de trucha. De lo rápido que había sido no me dio tiempo a esquivarlo haciendo que mi vestido acabara pringado en aceite.
Todo el mundo paró lo que estaba haciendo para poner su atención en nosotros. Él me miraba con una sonrisilla de niño travieso haciendo que me enfadara más con él. ¿Cómo había sido capaz de mancharme el vestido? ¡Era mi vestido favorito! Le miré de manera furiosa y sin importar que todo él mundo nos estuviera mirando cogí un trozo de mi trucha con el tenedor y lo tiré en su dirección. Él dándose cuenta de mi propósito se agachó haciendo que cayera en la cara de la mujer que tenía a su derecha. Me miró sorprendido, como si no hubiera sido capaz de hacerlo. Yo le miraba desafiante, ¡ni que él sólo pudiera hacerlo!
Alguien en algún sitio lejano del comedor gritó: "Guerra de comida" y ahí comenzó la situación más surrealista de mi vida. La comida empezó a volar de un lugar a otro, caviar, paté, mahonesa, puré, trozos de trucha e ¡incluso gajos de naranja! ¡Todo valía en esta guerra!
Llevaba un rato tirando comida cuando de repente alguien me cogió del brazo y me arrastró hasta una armadura cercana dónde me empujó para escondernos.
-Está bien un poco de comida-dijo quitándose un trozo de lechuga del pelo- pero no puedo dejar que manches más tu precioso vestido- dijo riéndose con la risa que tanto me encantaba.
- Ahora te preocupas del vestido- sonreí de vuelta- Haberte preocupado antes.
- Tienes razón- asintió con la cabeza- pero ¿sabés? Tienes una mancha.
- ¿Una? ¡Tengo varias!- me reí haciendo que un pegote de mahonesa cayera al suelo
- Ya, pero ahí una que te hace fea- Yo me sonrojé ante aquello. Tenía que ser tan directo
-¿Cuál?
-Esta
Y sin más me besó. Yo sentí mil descargas eléctricas recorrer mi cuerpo y noté como la piel se me erizaba haya donde él tenía su mano. ¡No me podía creer lo que estaba pasando! Pero antes de que me diera tiempo a cerrar los ojos para disfrutar del momento él apartó su cara de la mía.
-Ahora estás mucho más guapa- dijo sonriendo y riéndose cuando notó que mis mejillas se colorearon de rojo.

 

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