¡Hola aventureros!
Si lo sé, tengo que buscar otro nombre, pero de momento ese me pareció bien ya que leeréis mis aventuras y eso os convierte en mis aventureros. No os he convencido, ¿Verdad? =P
¡Por fin vais a poder leer mi primera historia! ¡Qué emoción! Confieso que estoy un poco nerviosa porque quiero que quede todo bien y que no os aburráis, así que vosotros comentad todo lo que veáis porque esa es la manera en la que puedo aprender a hacerlo mejor :)
Si lo sé, tengo que buscar otro nombre, pero de momento ese me pareció bien ya que leeréis mis aventuras y eso os convierte en mis aventureros. No os he convencido, ¿Verdad? =P
¡Por fin vais a poder leer mi primera historia! ¡Qué emoción! Confieso que estoy un poco nerviosa porque quiero que quede todo bien y que no os aburráis, así que vosotros comentad todo lo que veáis porque esa es la manera en la que puedo aprender a hacerlo mejor :)
Esta primera historia me gusta en especial porque fue la primera aventura que me pasó cuando empecé a trabajar dentro de las taquillas vendiendo (antes trabajaba con las máquinas autoventa, fuera de la taquilla) y sentí que me iban a volver a ocurrir cosas divertidas.
Comenzaré contando como es la taquilla. Es una cristalera alargada en la que hay 6 puestos para vender con un cristal metido un poco más adentro para que se pueda escuchar a la gente (aunque confieso que tiene una acústica un tanto deficiente). El turno es con número y aunque parece algo de lo más sencillo, la gente suele liarse bastante. Pues bien, yo me encontraba en uno de estos puestos atendiendo a la gente con nerviosismo ya que era mi primer día repitiéndolo todo muchas veces pues no quería equivocarme. Pulsé el botón para llamar al siguiente cliente y se acercó un chico muy guapo. Me puse más nerviosa si cabe, si lo sé solo era un chico ¡Pero le teníais que haber visto!, y creo que me equivoqué en darle la hora que quería. Terminé de atenderle y con un "Hasta luego, gracias" el chico se apartó de la ventana. En ese momento me giré hacía mi compañera y le comenté: "Cuando son tan guapos me pongo nerviosa y no sé que decir" Mi compañera se rió y yo girándome con una sonrisa me dispuse a atender a la siguiente persona. Pero lo que no me esperaba era encontrarme al chico que había atendido antes, a un lado de la ventanilla sonriéndome como queriendo decir: "Acabo de escuchar todo lo que me has dicho" ¡Qué vergüenza! ¡Me había escuchado! Me puse colorada como un tomate y en esta venta si que me equivoqué más de una vez. El chico se quedo un rato en la taquilla mirándome con "burla" y yo no sabía por donde meterme. Antes de terminar la venta, se alejó sin dejar de sonreír, al menos le había subido la autoestima. Me giré de nuevo hacia mi compañera y la dije: "¡Me ha escuchado el chico! ¡Qué vergüenza!" Y ella: "¡Claro, aquí se escucha todo!"
Así que el primer día aprendí una lección importante, bueno más bien dos; primera: "En la taquilla se escucha todo" y segunda: "Si quiero decir que alguien es guapo me espero hasta verle alejado del cristal" ;)
Ya sabéis, cualquier comentario solo tenéis que pulsar un botón y además pondrías una sonrisa en mi cara :) ¿No os apetece?
Próxima aventura: carreras improvisadas y bajadas de pantalones ;)
Próxima aventura: carreras improvisadas y bajadas de pantalones ;)
Besos a montones
